Cómo defender tu TFG/TFM/tesis para sacar una buena nota

Cómo defender tu TFG/TFM/tesis para sacar una buena nota

Defender un trabajo de fin de estudios es un momento importante en la vida de un estudiante. Puede ser un trabajo de fin de grado, un trabajo de fin de máster (como se llame eso en tu país o en tu universidad), puede ser incluso una tesis doctoral. Como profesor de universidad he participado en tribunales de todos los niveles. He visto todo tipo de cosas y no todas buenas. Por eso hoy voy a compartir contigo mi experiencia desde el otro lado para ayudarte a conseguir el mejor resultado posible en ese paso decisivo de tu carrera académica. Hola, queridos hablantes, soy Alberto Bustos y esto es otro vídeo del Blog de Lengua para quienes quieren hablar y escribir mejor. Pues sí, todos los estudiantes tienen que pasar por ese momento temido y esperado en que defienden el trabajo con el que cierran sus estudios. Tú normalmente vas a ver ese acontecimiento desde tu propia perspectiva, que es la de un estudiante que tiene que demostrar el valor de su trabajo, de un trabajo en el que ha metido mucho esfuerzo, mucha dedicación, muchas horas... pero yo estoy aquí para ofrecerte la otra perspectiva: la de los miembros del tribunal, que es a quienes tienes que convencer. Por eso te voy a dar unos cuantos consejos para antes de la defensa, para durante la defensa y para después de la defensa. Empezamos con antes de la defensa, como debe ser. Tu trabajo ya está hecho y ahora de lo que se trata es de convencer a la gente que te va a juzgar. La defensa va a ser fundamental para conseguir un buen resultado y por eso es normal que te enfrentes a esa situación con inseguridad, con miedo... y para evitar esa inseguridad y ese miedo, te voy a dar un consejo que funciona siempre, que es “ensaya ensaya ensaya”. Cuanto más ensayes, mejor preparado vas a ir, más seguridad vas a tener en el momento en que te pongas delante del tribunal y del público que esté en la sala. Es más, si puedes ensayar en el lugar donde luego vas a hacer la defensa, mejor que mejor porque así te familiarizas con ese espacio y una vez que entres en esa sala, te vas a sentir cómodo, vas a saber dónde estás. A mí fue algo que me ayudó muchísimo cuando tuve que defender mi tesis doctoral. Otro consejo: siempre que puedas, ensaya con público. Digo “siempre que puedas” porque hay que ensayar no una vez, hay que ensayar una vez y 40 veces si hace falta. Búscate a un amigo, a tu hermana, a tu gato: que alguien te esté viendo. Eso te va a ayudar a ponerte en situación y aparte de ensayar algo que es muy útil es que visualices la escena con la que te vas a encontrar, que tú te imagines en tu cabeza cómo va a ser esa defensa, que veas a los miembros del tribunal, que veas la sala, que te imagines cómo vas a moverte... igual: te va a ayudar a meterte en la situación y te va a dar confianza cuando te pongas ahí delante de verdad. Más consejos: las defensas suelen ser públicas. Antes de la tuya, vete a una. Métete ahí y así te enteras de cómo funciona. Es una excelente preparación. Bueno, pues vamos a suponer que ya está redactado el trabajo, que has ensayado, que has visualizado la escena, que has visitado el lugar de los hechos... pues el día anterior mi consejo es que ya no hagas nada. Nada. Tranquilo. Te relajas, te dedicas a pasear, a ver a los amigos, a charlar con la familia, a ir al cine, a hacer alguna actividad relajante, porque cuanto menos pienses en lo que te espera mañana, mejor. Y duerme, descansa. El trabajo ya está hecho. Has escrito el texto, has preparado la defensa y ahora, a guardar energías, que te van a hacer falta mañana para defender delante del tribunal. Para presentarte delante del tribunal planea también tu vestuario. Es importante que vayas bien arreglado o bien arreglada. En estas lides la imagen cuenta. ¿Qué quiere decir “bien arreglado”? Eso depende del nivel académico. No es lo mismo un estudiante que está terminando su carrera que un estudiante que está terminando un máster o que una tesis doctoral. Depende también del país. En los países las expectativas cambian. En España a mí me parecería excesivo que un estudiante que termina su carrera, que termina un grado universitario, una titulación básica universitaria, venga de traje. ¿Por qué? Pues porque aquí no se estila. Ahora, en una tesis doctoral un traje pues es lo que está pidiendo la situación. ¿En México? No lo sé. Vamos a ver, no se trata de que te disfraces. Lo importante es que seas tú, pero que trates de presentar tu mejor tú. Y ahora vamos a imaginar que ya estamos en la defensa. Estamos en la sala. Estás ahí sentado o de pie en medio de la sala, según como te coloquen. Y ahora ¿qué haces? Pues no haces nada: simplemente te vas a dejar llevar. La presidenta es quien lleva la voz cantante y lo digo en femenino porque cuando se trata de un cargo importante o cuando se trata de hablar de cosas positivas a mí me gusta decir las cosas en femenino. La presidenta es la directora de orquesta. Cuando te diga que hables, hablas. Cuando te diga que te calles, te callas. Y no tiene más. Al principio de la defensa, la presidenta del tribunal te va a explicar cómo se va a proceder exactamente, todos los pasos que se van a ir dando. Y empiezas a hablar, empiezas tu exposición cuando la presidenta te da la palabra. Nada de lanzarnos ahí a lo loco, que eso lo veo a veces en algunas defensas y queda fatal. ¡Muy importante! Esto es importantísimo: no leas. No se te ocurra presentarte ahí con un texto escrito que vas a leer con puntos y comas. Eso no hay quien lo aguante. Lo que tienes que usar es un esquema. Te haces un guioncito, pero un guion esquemático que va a tener solamente los puntos principales que vas a tratar en esa exposición... y te voy a contar una anécdota que me pasó a mí cuando me estaba preparando para defender la tesis doctoral. Yo pues estaba... pues nervioso, como les pasa a todos los candidatos doctorales, y uno de los catedráticos de mi departamento, allí en la Carlos III en Madrid, me dijo: “Oye, vente mañana a verme, que vamos a preparar la defensa. La vas a ensayar conmigo y yo que he estado en un montón de defensas te digo qué estás haciendo bien, qué estás haciendo mal”. Y yo: “Pues sí, pues sí, pues sí”. Y me presento allí, en su despacho, con mi texto escrito desde la primera palabra hasta la última. Y me dice: “Venga, empieza”. Cojo el texto y, según lo estoy cogiendo, hace así: “¡ras” ¡y me lo quita! Me lo arrancó de las manos y me dice: “Y ahora, cuéntamelo”. Oye, pues se lo conté de pe a pa. Si es que lo tenía en la cabeza. La tesis la había escrito yo, ese texto, esa preparación para la defensa... la tenía escrita y estaba todo en mi cabeza. Quien mejor conoce tu trabajo eres tú y no necesitas llevar escrito todo lo que vas a contar. Que me quitara ese catedrático los papeles de la mano fue lo mejor que me pudo pasar porque no me quitó los papeles: me quito la inseguridad. Bueno, pues entonces nos presentamos con un guion esquemático con los puntos principales. Ese guion además nos va a venir bien porque en el momento en que lo estamos sujetando en las manos y estamos de pie o que tenemos que tenerlo ahí en la mesa y estamos manejándolo si estamos sentados, nos va a servir para saber automáticamente qué hacer con las manos, que es una parte de nuestro cuerpo que está ahí, que en el momento en que nos ponemos a hablar delante de un público no sabemos qué hacer con ella. Tener un papel en la mano es lo mejor para que las manos estén ocupadas y no estorben. Tienes que explicar. Y cuando digo que tienes que explicar, me refiero a que tienes que contar las cosas generando ese texto desde tu cabeza en el momento, poniendo intención en lo que dices, porque hay una cosa peor todavía que llevarse el texto escrito y es recitarlo de memoria. No hay nada más soporífero, no hay nada más pesado que tener a un estudiante que te está soltando ahí, palabra por palabra, algo que se ha aprendido de memoria. No hay quien lo aguante. Y si duermes a los miembros del tribunal, querido amigo, querida amiga, has perdido. No queremos dormirlos. Queremos que estén muy atentos. Tú has escrito tu trabajo y te lo sabes, así que tienes que saber explicarlo y explicarlo bien. Ojito también con el PowerPoint, que lo carga el demonio. El PowerPoint no está ahí para poner lo que vas a contar, sino para poner lo que tú no puedes contar. Si lo vas a contar tú, no tiene que estar en el PowerPoint. El PowerPoint es un apoyo, un refuerzo para las cosas que vas a decir y tiene que contener sobre todo elementos visuales. El PowerPoint se compagina muy bien con imágenes, con gráficos, con alguna tabla... en lingüística quizás nos puede venir bien para poner los ejemplos. Y nos tenemos que asegurar siempre de que eso se ve con claridad desde lejos. Tenemos que ponernos en el lugar del tribunal. Si es una imagen, que la imagen se vea claramente desde la distancia a que la que la va a estar viendo el tribunal. Si hay texto (no tiene que haber mucho texto, insisto; si tienes mucho texto, algo estamos haciendo mal, pero algo de texto va a haber... van a aparecer palabras en algún momento), pues que la letra se pueda leer fácilmente por el tamaño, por el contraste y por todo. El PowerPoint no es para ti. Es para el público. Tienes que asegurarte de que todo lo que pongas ahí ayude de alguna forma al público a seguir lo que le estás contando y ayude a recalcar las ideas que tú vas a ir vertiendo con tu exposición. Además, cuantas menos diapositivas, mejor. Tienes que tener el mínimo imprescindible. No te digo un número equis. Te digo el mínimo imprescindible para lo que quieres hacer. Y sobre todo que el PowerPoint no distraiga de lo que estás diciendo. Las personas solo tenemos atención para una cosa. La atención o está en las diapositivas del PowerPoint o está en ti. No puede estar en los dos sitios al mismo tiempo. Mientras estás hablando, no pueden estar leyendo algo que les has puesto en el PowerPoint. Mientras están mirando el PowerPoint, no te pueden escuchar. O están en lo uno o están en lo otro y queremos que la atención esté en ti. Y sobre todo... Mira, esto... es que cada vez que lo pienso se me ponen los pelos como escarpias. No se te ocurra escribirte el guion en el PowerPoint y hacer tu presentación de espaldas al tribunal, que eso lo he visto también. Lo hace mucha gente. Se pone ahí lo que va a contar y se da la vuelta para mirar a la pantalla, a lo que tiene que contar. No, tú tienes que estar mirando al tribunal. Tú tienes que ganarte su interés. Tienes que ganarte su atención. Bueno, estamos ahí, empezamos a hablar después de todas estas advertencias y lo primero que vas a contar es una breve introducción. Vas a adelantar el contenido y la estructura no del trabajo, sino de tu exposición, de la presentación que vas a hacer. En ese momento vas a estar nervioso. No te preocupes. Si los miembros del tribunal contamos con eso. Somos humanos y nosotros mismos hemos pasado por estas situaciones y lo hemos pasado mal. Pero ¿qué ocurre? Que estás nervioso en el momento en que te pones ahí delante, pero si te has preparado bien, si has ensayado, si vas descansado, relajado... a los dos minutos se te han pasado los nervios y estás tan metido en tu exposición que ya no piensas en otra cosa. Como lo tienes grabado ahí, en la cabeza, porque lo has preparado muy bien, lo has ensayado... pues simplemente va a ser ir por un camino que está liso. Y nos lanzamos por ese camino y vamos a intentar que nos sigan los miembros del tribunal, que es lo importante. Mantén contacto visual con el tribunal. Esto es también fundamental. Es una forma de captar su atención. No mires al techo, no mires a las musarañas, mira a las personas a las que estás hablando, que es la forma de que te hagan caso. Normalmente, la presidenta del tribunal te habrá dicho el tiempo de que dispones y es fundamental que te ciñas a ese tiempo porque si te pasas, lo único que vas a conseguir va a ser cansar, enfadar, aburrir... Y no te conviene ni cansar ni enfadar ni aburrir a las personas que te van a poner nota. ¿Qué tenemos que contar en esta presentación? ¿Hay que embutir ahí mucha información en el tiempo que nos han dado? Pues no, no se trata de contar todo lo que está en tu trabajo. Eso es imposible. Lo que vamos a hacer en esta presentación es introducir la información justa y necesaria para que se entienda qué es lo que has hecho en ese trabajo, para demostrar cuál es su valor, cuáles son las aportaciones de tu trabajo. Lo importante es que convenzas a los miembros del tribunal. ¿Ves que la palabra se repite? “Convencer convencer convencer”. Vas a explicar y vas a justificar cuál es el interés de tu trabajo. Vas a exponer por qué puede interesarle a alguien este tema al que tú te has dedicado. Vas a presentar de forma clara y concisa tu hipótesis, tus objetivos, tu metodología y tus resultados. Y lo vas a hacer hablando ni muy deprisa ni muy despacio. Muy despacio, no porque si hablas muy despacio, eso duerme a un camello viudo, ¡vamos! Y muy deprisa tampoco porque la mente tiene una capacidad limitada para procesar la información y tú tienes que dejar que las personas que te están escuchando puedan procesar la información que les estás ofreciendo. Mira, esto es como cuando intentas trasvasar aceite con un embudo. Bueno, tú pones un embudo para meter aceite en una botella y si echas mucho aceite, eso se desborda enseguida. Lo mismo pasa con la atención del público: hay que encontrar el ritmo justo. ¿Cómo encontramos ese ritmo justo? Es muy difícil y es muy fácil al mismo tiempo: lo que tienes que hacer es respirar y vocalizar. Si haces estas dos cosas, vas a conseguir un ritmo adecuado para que te sigan y además tu voz se va a oír, va a llegar adonde tiene que llegar, que es a las personas que te están escuchando y que te van a juzgar. Es importante también que en tu discurso introduzcas cambios en la velocidad, en el volumen, que haya pausas en los momentos estratégicos... Bueno, pues si lo que estás haciendo es explicar (fíjate que digo “explicar” y no digo “leer” o “recitar”), todo eso te va a salir automáticamente y ya hemos seguido presentando todo lo que teníamos que presentar, llegamos al final... ¿Cómo terminamos? Terminamos con una breve conclusión en la que vas a recapitular lo que has presentado hasta ese momento. Atención, si llega el final y dices algo así como: “Y ya está, ya he terminado”, pues es que lo has hecho mal porque no ha habido conclusión. Esto se lo he visto yo a más de un candidato. Cuando hay una conclusión que está bien hecha, no hay necesidad de decir que has terminado porque se nota de sobra que estás llegando al final. Si te das cuenta, aquí lo que estamos aplicando es un esquema retórico que nos viene desde la Antigüedad, desde la Grecia clásica, que es hablar de lo que se va a hablar, hablar y hablar de lo que se ha hablado. Esto es introducción, desarrollo y conclusión. Si lo aplicas, te va a ir bien. Una vez que tú terminas, va a volver a tomar la palabra la presidenta del tribunal y se la va a ir dando a los miembros para que te hagan observaciones. No se te ocurra interrumpirlos, que hay algunos candidatos que se lanzan. Les dicen algo que no les convence o que creen que... se sienten en la obligación de intervenir en ese momento... y sueltan ahí algo. No, no, no, no, no, no, lo que vamos a hacer es escuchar con mucha atención todo lo que nos digan y tomar nota, tomar nota para acordarnos después y poder responder a esas observaciones. No interrumpas. La presidenta te va a decir cuándo te toca responder. Espera tu turno. Si los miembros del tribunal hacen bien su trabajo, te van a indicar aspectos positivos y negativos de ese trabajo que has presentado y esto es muy valioso. Esto de verdad es muy valioso para una persona que está haciendo un trabajo académico. Los miembros del tribunal tienen más experiencia que tú y saben más sobre cómo se hace un trabajo académico. Si estás en un determinado nivel, si estás en una tesis doctoral, tú vas a saber más sobre tu trabajo, pero ellos van a saber más sobre cómo se hace una tesis. Si eres un estudiante que está terminando su carrera, que está terminando un grado, una licenciatura... probablemente, los miembros del tribunal van a saber más sobre cómo se hacen trabajos, sobre cómo se presentan, sobre tu tema y sobre cualquier otra cosa que pueda aparecer ahí, así que en cualquier caso les vamos a prestar mucha atención. Ellos a lo mejor van a ser capaces de descubrirte valores que están ahí, en tu trabajo, y que se te han pasado por alto porque no sabes lo suficiente, no tienes suficiente experiencia para darte cuenta de los diamantes que has puesto ahí y también te van a señalar debilidades que te van a servir para mejorar. Escucha con atención y da las gracias. Da las gracias por todas las observaciones que te han hecho y una vez que te toca responder, tienes que responder. Hay que responder a lo que te han dicho. No vale con decir, como he visto muchas veces: “Pues sí, estoy de acuerdo con todo lo que me han dicho ustedes”. Noooo... Vamos a ver, para eso... fíjate lo que te digo, casi prefiero que sueltes: “Pues miren ustedes, soy un pánfilo y es que no sé qué decir en cuanto me sacan de las cuatro cosas que me traigo aquí preparadas”. Por lo menos van a pensar que eres una persona sincera. ¡En fin! Hay que contestar, hay que contestar porque los miembros del tribunal quieren ver que eres capaz de razonar, de argumentar, de enfrentarte a objeciones y, además, si tu trabajo está mínimamente bien preparado, para cuando te pones ahí, delante del tribunal, sabes sobre el tema muchísimo más de lo que has podido meter en el texto y no digamos de lo que has podido presentar en la defensa y entonces las preguntas son el momento ideal para que te luzcas, para sacar todos esos conocimientos que tienes sobre el tema y que tenga el tribunal una buena impresión de tu preparación, de tu conocimiento, de tu capacidad para argumentar, para razonar... Todo esto lo tienes que hacer, naturalmente, de una forma respetuosa, sin ser polémicos, pero cuando no estés de acuerdo con algo que te han dicho por algún motivo, lo puedes y lo debes decir. Puedes y debes disentir razonada y cortésmente cuando sea necesario. Eso es la discusión académica y queremos ver que eres capaz de entrar en esta discusión académica. Todos los trabajos, hasta los mejores, tienen lagunas, tienen puntos débiles. No tengas miedo por eso. A veces, el valor está precisamente en reconocer esas lagunas y si eres capaz de justificar esas lagunas, pues hemos resuelto la objeción que te puedan plantear por ese lado. También esta intervención que vas a tener al final te va a servir para ser capaz de subrayar las fortalezas que sin duda hay en tu trabajo. Aquí es donde se está viendo si eres capaz de mantener una discusión con gente del mundo académico, con profesores, con investigadores... Y esto va a ser muy importante para tu nota final. Bueno, pues ya has contestado a todo lo que te han dicho los miembros del tribunal y, llegados a este punto, normalmente te van a echar, te van a echar de la sala porque los miembros del tribunal tienen que deliberar para decidir qué nota te van a poner y cuando hayan tomado su decisión, te comunicarán la nota. Saldrán y dirán: “Pues ha recibido usted la calificación de sobresaliente cum laude”... o la nota que sea. Si sois varios candidatos, pues probablemente lo que ocurrirá es que se reunirán, pondrán todas las notas y cuando estén puestas todas, será cuando saldrán y os las anunciarán. Y llegamos al momento de después: consejos para después de la defensa. ¿Que la nota ha sido buena? Pues disfrútalo, te lo has ganado. Ya tienes tu título. A celebrarlo (y, además, estas cosas hay que celebrarlas porque son importantes en la vida). A veces se gana y a veces se pierde. Puede que la nota sea mala. Pues si es mala, acéptalo con deportividad. No se puede ganar siempre. Y, sobre todo, no se te ocurra encararte con el tribunal, discutir, poner mala cara... Tenemos que ser profesionales en esto. Nos ha tocado perder y no vamos a sacar nada tomándonoslo a las malas. Si acaso, vamos a empeorar las cosas... las vamos a empeorar, sí. Bueno, pues estos son mis consejos basados en la experiencia como miembro de muchos tribunales en diferentes niveles. Si conoces a alguien que se está preparando para defender un trabajo ante un tribunal, comparte este vídeo. Seguramente le va a venir bien. Cuéntanos en los comentarios tus trucos, tus estrategias para este tipo de situaciones. ¿Has pasado por una defensa de un trabajo de fin de grado, un trabajo de fin de máster, una tesis doctoral? ¿Qué tal te fue? Explícanoslo. ¡Y ahora, la curiosidad del día! Esa hermosa tradición del Blog de Lengua. Todo el que tiene que hablar en público ha sufrido y da igual que sea un estudiante que está defendiendo su primer trabajito, un profesional que presenta un producto ante unos clientes, un investigador que está ahí, en un congreso, presentando resultados de su trabajo. Todos sufrimos y todos nos sentimos torpes en estas situaciones, pero te voy a dar un ejemplo histórico para que veas que lo más importante aquí no es tener un gran don de palabra. Para hablar en público lo importante, lo realmente importante, es tener algo que decir. Demóstenes vivió en Atenas en el siglo IV antes de cristo y fue el mayor orador de su tiempo y, sin embargo, Demóstenes era tartamudo y esa dificultad no le impidió que sus contemporáneos le respetaran, le escucharan y le admiraran. Al contrario, le hizo superarse a sí mismo y el resultado es que su fama llega hasta nuestros días. Saludos para A. Ramallo, que ve los vídeos del Blog de Lengua desde Almere (Holanda), Abel della Costa, que los ve desde Valencia, aunque es de Argentina, Lak Powet, que los ve desde Manresa, en la provincia de Barcelona, Mr. Caripal, que tiene la suerte de verlos desde Cancún, y saludos a toda la nación de hablantes del Blog de Lengua, que es la que hace grande este canal. Suscríbete a este magnífico canal para seguir aprendiendo. ¡Hasta pronto, hablantes!